La Nación: Años de juventud muy bien recreados

El Güevo: presentación del CD de la banda. Músicos: Juan “Pollo” Raffo (composición y teclados), Marcelo Torres (bajo), Pablo Rodríguez (saxo), Víctor Skorupski (saxo), César Silva (guitarra) y Daniel Volpini (batería). Invitado: Guillermo Arrom (guitarra). Sala: La Trastienda

por Mauro Apicella

El grupo de jazz fusión El Güevo tocó entre 1983 y 1989, años en los que los personajes de la ficción Graduados cursaron el colegio secundario. La asociación entre el grupo y el programa de TV tiene que ver con este progresivo rescate (¿quién sabe dónde terminará?) de la cultura de los años ochenta. ¿El Güevo fue un grupo fundamental de aquellos años? No, pero fue un grupo con fundamentos musicales muy sólidos.

La reunión de sus integrantes, el último año, para grabar a instancias del productor Andrés Mayo, y la actuación del último viernes en La Trastienda fueron una especie de deuda pendiente y de estudiantina que quisieron reeditar con varios plus: más años, más panza, más experiencia. Para el público fue una manera de recuperar (o de conocer, en el caso de los que no tienen edad suficiente) un modo de hacer música y de tocarla que tanto tuvo que ver con aquella época.

El líder del sexteto y compositor de esas músicas bromeó con el paso del tiempo. “No me hago responsable de lo que compuse hace 25 años”, explicó primero Juan “Pollo” Raffo. Y más tarde, antes de los bises -parte del concierto en la que habitualmente se agradece al sonidista, al iluminador y al productor-, dijo que para que ellos estuvieran un buen rato tocando sobre el escenario había que agradecerles a quienes participaron: paramédicos y abogados. También definió al encuentro como una mezcla de grupo de autoayuda y reunión de compañeros del secundario.

Sobre el escenario, tuvo más de lo último. Se vio como una reunión de viejos amigos y sonó como una banda de músicos profesionales, como un grupo de sesionistas de primera línea que deciden arman un grupo propio. Por eso el beneficio fue doble. Por el rescate de una manera de componer, tocar y arreglar como se hacía en los ochenta con la mixtura de jazz-rock, latin, disco y ritmos rioplatenses, y la vitalidad del toque actual que tienen estos músicos. Instrumentales como “Afroraffo”, “El amase”, “Personal vibrato” y “Si te vas a Bagdad” fueron de la partida. Los temas sonaron como el disco, pero los momentos solistas tuvieron una vitalidad que la grabación no tiene. Hasta hubo un invitado especial, Guillermo Arrom, que pasó por la banda hace varias décadas.

Lo más interesante fue que con el tratamiento convencional del jazz -exposición del tema, solos, vuelta al tema y cierre- el grupo desplegó verdaderos matices con solos que fueron extravertidos, sutiles, expansivos y reflexivos, según al músico que le tocara llevar la voz cantante en cada momento. La participación solista fue realmente variada, pero muy bien ceñida al eje de la propuesta y de cada tema. Y aunque la calidad de las composiciones que Raffo escribió hace más de dos décadas tuviera distintos niveles, la interpretación superó cualquier expectativa; no sólo con temas poderosos, como “Afroraffo”, también en títulos como “Para enterrarte”, un easylistening para ascensor de departamento caro que gracias a la intensa interpretación de todos fue digno de sonar en un escenario. Los seis -Raffo, Torres, Rodríguez, Skorupski, Silva y Volpini- se lucieron sin excepción en el sólido ensamble grupal y en la labor individual, con buena capacidad de síntesis, sin extenderse en divagues discursivos, como suele ocurrir en otros grupos. El concierto fue una experiencia para repetir.

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